DECIDÍ SER FUERTE

Compartir mi experiencia de cuando decidí ser fuerte, hoy me da risa. ¿Por qué? Por la simple razón de que no sabía cuánto lo era hasta que la vida me puso frente a situaciones donde lo demostré.

Ser fuerte parece difícil, pero no es verdad. Cuando le damos poder al miedo, éste nos frena. Creemos que es complicado saber cuan fuertes somos, eso sucede porque hemos sido castrados con creencias a obedecer y hacer caso cuando nos dicen: no, eso no  lo puedes hacer, no eres capaz, jamás lo lograrás.

Por un momento recordé mi niñez, de muy muy pequeña tengo flaschazos, sin embargo recuerdo cuando tenía 5 o 6 años, los reyes magos me trajeron una bicicleta. Ese día estaba mi papá conmigo y me dijo: Pedalea, yo estaré atrás de la bici sosteniéndote. No sé ustedes, pero sentir las manos de alguien que te viene empujando es la mejor manera de ser fuerte y actuar con valentía.

Ese día, sin que yo sintiera que mi papá me venía sosteniendo, patalee hasta irme sola, escuchaba el ajetreo de los pasos muy constantes de mi papá, su respiración agitada y cuando menos lo sentí, lo había dejado atrás y estaba sola emprendiendo mi primer viaje en bici.

Así como enfrenté por primera vez ese miedo, miedo a caerme, a hacerme daño, a que un perro me persiguiera, a que un auto me arrollara, la realidad es que… ¡¡No sucedió nada de eso!! El miedo estaba en mi mente y nada de lo que pensé fue real. Comprendí que a medida de tus capacidades, la vida te da oportunidades para vencer otros tipos de miedos, en donde ser fuerte es la única elección. Miedo a la soltería, miedo a no obtener ese trabajo, miedo a que nos asalten, miedo a perder mi independencia, miedo a que suba el dólar, miedo a que me corran de mi trabajo… uffff miedo a un montón de cosas que no son reales. A veces dejamos que el miedo se apodere de nosotros y nos frenamos a no ser fuertes.

Creo que las personas que viven con miedo, viven con un vacío existencial, en su vida no son plenos, no hacen las cosas porque su miedo es más fuerte (me pasó). El miedo es un estado mental que vamos adquiriendo conforme vamos creciendo, en mi experiencia, lo mejor que podemos hacer es mirarlo de frente y ver que no hay nada real, es solo una ilusión.

Un día conversaba con un profesor y me contó que el miedo es mejor acompañarlo. Me contaba la anécdota de un niño que no sabía nadar y tenía miedo de meterse al agua. Él lo acompañó a la alberca y lo único que hizo fue acompañarlo en su “miedo” para después soltarlo (obvio con flotadores) y nadara. Y así sucedió.

Un día apliqué la misma situación con mi sobrinito de 4 años, y si, así sucedió. Los niños te dan grandes lecciones, lecciones que vamos olvidando porque le damos prioridad a otras cosas, como el dinero, la apariencia, el ser popular, el no disfrutar por MIEDO a… llámalo como tú quieras.

No hemos venido a este mundo a sufrir ni a quejarnos, sino que flojera de vida. Estamos aquí para ser felices, fuertes, llenos de amor para dar, pero a menudo es algo que olvidamos. No tengo la verdad absoluta, pero es mi verdad y es mi experiencia. Veo con claridad la fuerza que tenemos como humanidad, veo también el miedo pero es decisión de cada uno tomar su camino.

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