Cerrar ciclos te abre puertas

Por el miedo a no perder la identificación con el que «somos», no cerramos ciclos.

Hace un par de años, Valentina tuvo un encuentro con un hombre con el que tuvo más que una cita con dos copas de vino tinto. Una noche donde acordaron conocerse en persona después de haber tenido una charla amena en una red social.

Él, Pedro, era un intelectual, un hombre elegante y que viajaba por el mundo dando conferencias de ciencia y reconocido por su éxito académico y literario. Valentina, estaba sin trabajo, pero feliz con la ilusión de publicar su novela y con recuerdos de amores pasados que sabía que tenía que cerrar.

Durante la pandemia del año 2020, se mantuvieron el contacto por redes sociales, mensajes informativos sólo para saber como estaban, si había novedades, pero nada más. Ella recordaba que esa primera cita había sido muy linda, porque sin pedirle permiso, el hombre francés la tomó de la mano al cruzar la calle y le dio un beso que jamás olvidó como la hizo sentir, correspondiéndole ella en variadas ocasiones.

El momento de la despedida se acercaba, ella se tenía que ir a casa porque era tarde y él le ofreció que se quedara esa noche en el lugar donde se hospedaba. Valentina dijo que no, pero en realidad, tenía miedo. Pero ella sentía la certeza de que lo volvería a ver en algún momento de su vida.

Dos años más tarde, en mayo del 2022, ella estaba comiendo con sus amigas, cuando recibió el mensaje de Pedro, diciendole que estaría unos días en su ciudad dando una ponencia en reconocida universidad y tenía ganas de verla pero antes quería saber si estaba ella estaba disponible. A lo que contestó que sí.

Valentina leyó los resultados de un buscador cuando escribió «qué fama tienen los franceses«. Elegantes, petulantes, excelentes amantes, excelentes besadores y también un poco tirados al drama y melancolía… Ella sólo recordaba sus besos de aquella noche de enero, también el momento de cuando estaban de frente hablando de sus pasiones y lo que les gustaba de la vida, cuando ella al escucharlo mordió sus uñas y el se dió cuenta y sólo le tomó de la mano. Los nervios de esa primera cita, se quedaron atrás. Ahora ella estaba lista para vivir el presente con todos los sentidos y soltarlo sin apego.

El día llegó, Valentina estaba más que lista par recibir con los brazos abiertos al francés. Él no había cambiado mucho, pero portaba una camisa muy colorida, a lo que Valentina le pareció gracioso. Y como si él le hubiera leído la mente, él le contó que su ex pareja le aconsejó que debería vestirse con más colores. Ella simplemente sonrió porque justo lo recordaba por ser más sobrio para elegir los colores de su ropa, como aquella noche que portaba una camisa azul marino, una gabardina, sus lentes y una boina muy francesa.

Después de un desayuno de campeones, Pedro y Valentina fueron a comprar pan en Rosetta en la colonia Roma. Pedro había regresado la noche anterior de Oaxaca y le prometió un rico café que traía de allá. Pero eso sería en el lugar donde él se hospedaba ahora, en el mismo lugar al que la invitó a subir dos años atrás y ella se negó.

Ella se observó, se dio cuenta que la gente cambia y ahora ella había cambiado, ya no era la misma mujer insegura, no se mordió las uñas frente a él, ni tampoco hizo lo posible por agradarle, simplemente se mostró. Pedro le dijo que se sentía cómodo con ella, a pesar de no tener tanta intimidad antes y solo haberse visto una vez. Él se sentía relajado, él mismo y con la confianza de hablar de todo y sobretodo de escucharla.

Tomaron café de grano oaxaqueño, comieron pan, y después él inició el cortejo, acariciandole la espalda, sentándose detrás de ella hasta que ella no pudiera más. Ella lo miró, le acarició la barba y lo besó. Volvió a sentir aquello que era familiar. Ese beso le hizo saber a ella que quería entregarse a él como si fuera una experiencia nueva. Valentina caminó con Pedro hasta su recámara y le quitó la camisa colorida que portaba esa mañana.

Valentina abrió la tapa del baúl, en su mente sólo estaba él y en su cuerpo las sensaciones que éste le provocaba. Esta vez no había fantasmas del pasado, no había recuerdos de hombres con los que no concretó nada. Esta vez, fueron ellos y sus orgasmos. Valentina se dio cuenta que sólo cerrando ciclos del pasado, podrá vivir plena en el presente, sin la necesidad de saber si lo volverá a ver, sin la ansiedad de que no la vuelvan a llamar. Valentina se quedó tranquila, consciente de haber tenido uno de los encuentros más placenteros de su vida, sino es que el mejor hasta el momento. Cerrando el ciclo para abrirse a otro nuevo, con el compromiso de ser feliz cada día y encontrar personas afines en su camino.

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